martes, 15 de enero de 2019

Fuego en retroceso





Insomnio de nuevo. El cigarro quedó prendido en la oscuridad del cuarto. Mi mente cuando no duermo es un pucho que se apaga despacio, neuronas en retroceso. No, no hay nada de que preocuparse. La noche termina siempre a tiempo. La noche termina siempre. La noche termina conmigo acostado, invariablemente, aunque no duerma. Soy una pieza desconocida y necesaria de la enfermedad nocturna. Soy imprescindible para la felicidad ajena: no me conocen, pero me consumen. Lo que está y no se usa queda en manos de un dios desconocido que goza con el sometimiento de los no creyentes. Nadie tomaría en serio a un dios que no se deja conocer, como si tuviera la cara deforme y sintiera verguenza de su condición anómala. Nadie piensa dos veces antes de dormir, el que decide pierde. La muerte no es sueño, es más silenciosa. No estoy llorando, es el fuego que me dibuja cosas en la cara cuando me duermo. Fuego en retroceso. La palabra muerte en un dialecto íntimo. Igual no hay nada cuando me miro al espejo. No hay nada como mirarse y no verse, no hay nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario