sátiro que desafiaste al dios
ahora tu piel adorna un árbol
y tu sangre fluye por el río
clamando el nombre
con el que fuiste bautizado
Marsias, quedaste a merced de Apolo
y los dioses griegos suelen ser crueles
Marsias, fuiste víctima de burlas despiadadas
(pero la ley nunca estuvo de tu lado)
sacaste música de la verguenza ajena,
tomaste las sobras de Atenea
junto al río inflaste tu soberbia
(y te costó muy caro)
una melodía invisible
saluda tu lira dionisíaca
cada vez que pasan por el bosque
los restos de una bacanal
Marsias, nunca subestimes
a quien posee la luz de la verdad.
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