jueves, 11 de mayo de 2017

Caleidoscopio

Recuerdo alucinar con androides. Era de madrugada y había niebla dentro de mi casa. Los androides salían de la cabeza de mujeres viejas que vestían remeras blancas con una inscripción en negro que decía "Opus Dei". No hacían otra cosa más que estar paradas contra una pared mirando hacia abajo, los rostros totalmente ensombrecidos. Después dejé de sentir mi cuerpo y empecé a percibirlo todo desde cada pequeño espacio de la casa, como si yo fuera una sala de control mirando un montón de pantallas a la vez. Los androides corrían de un cuarto al otro, aplastaban arañas con las manos de metal, abrían la heladera y la cerraban. La alucinación sufría un salto repentino, aunque aparentemente cada parte estaba conectada con la anterior. Ahora yo tenía cuerpo, aunque no me tomé la molestia de comprobar que lo sintiera como mío, y miraba el cielo acostado en el techo de mi casa. En lo alto volaba un helicóptero. Trazaba un cuadrado y siempre giraba en la misma dirección. Lo hacía con tranquilidad y la chapa sobre la que yo estaba recostado iba a ceder en cualquier momento. Yo iba a caer sobre el comedor y no recordaba si habían removido las baldosas del suelo, no recordaba si habían removido toda superficie o si quedaba algo sobre lo que golpearme. Entonces pude darle forma al miedo y entendí que me aterrorizaba la idea de caer y que todo se volviera oscuro, de estar cayendo un año entero y que mi cuerpo se descompusiera al ritmo de mis pensamientos que no iban a cesar.
Y que recordara el ruido de los helicópteros, y que ese ruido taladrara a ritmo militar cada parte de mi cráneo. 
También recuerdo verme en el baño de un hotel, de estar parado en la ducha y que el agua cayera sobre mis hombros. Recuerdo salir a la calle de una ciudad extranjera, subir a un auto caro, ir a una reunión con traductores, hablar, firmar papeles, sonreír. Recuerdo tomar un avión hacia otro país y vivir años haciendo las mismas cosas, habitando los mismos espacios. Tengo presente la sensación de familiaridad al despertarme cada mañana y entender el lugar, la situación, el momento histórico, el futuro. 
Tuve un sueño en el que me despertaba y lo primero que sentía era un dolor punzante en la nuca, entonces abría los ojos y me veía tirado tirado en la arena de una playa. Al ser de noche no había mucho que pudiera distinguir, más que el agua apenas reflejada por la luna creo que en cuarto menguante, la arena sobre la que estaba tirado y un objeto no muy grande a mi lado. Lo levanté, era un caleidoscopio. Supe que no iba a necesitar nada más. Di las gracias en voz alta y empecé a caminar en dirección al agua. 



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