insomnio de personaje secundario
salido de Trainspotting, no escrito
apenas imaginado
que se quedó en el intento
de trascender a los primeros años noventa
pero no lo hizo
y nos mira desde allá
y contempla su espacio cada vez más cubierto
por otros marginados drogadictos
y casi desaparece
con sus consecuentes adaptaciones
mientras escucha un tema de Bowie
sentado en la cocina que lo mantiene
de la casa de su madre que también
insomnio del personaje no inventado
que desde hace años va de una pieza a la otra
casi siempre de noche
pensando en que la muerte no pasa por los limbos
y que su cama no volvió a ser ordenada
desde el día en que casi lo piensan
dentro de una escena triste de sexo y drogas
con otra más consistente que él
porque por lo menos fue nombrada
insomnio de un joven escocés
que no llegó a ser ficción
que no conoció a Renton ni a Sick Boy
pero intuye sus nombres
a veces, cuando mira los azulejos antiguos
de la cocina de su casa
tan inacabada como su existencia
insomnio de un nostálgico abandonado
que quisiera visitar de vez en cuando
los bares cercanos al puerto,
probar un poco de heroína
y sentir que su crisis tiene objeto.
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