viernes, 3 de febrero de 2017

Fusilen a todos los publicistas

Un joven-propaganda me sonríe 
no se da cuenta de que la boca se le abre de un modo increíble 
se abre y no acaba nunca de exhibir todo su interior
es monstruoso
tantos dientes, tan blancos 
realmente monstruoso. 
Recuerdo que estaba en la playa
éramos felices junto a mis amigos 
de repente llegaron promotoras 
sombrillas 
folletos
y no sé cómo y tampoco sé si quiero saberlo 
pero quedé atrapado entre premolar y colmillo 
mirando hacia arriba un cartel gigante grabado sobre el paladar 
que rezaba; "Saboreá el verano".
Yo estaba ahí, sin poder moverme 
intentando adaptarme al nuevo ambiente 
tapándome la cara con las manos 
cada vez que la lengua del joven-propaganda me pasaba por encima 
preocupado además por la falta de algo para leer 
y la aparente eternidad que se me aproximaba 
cuando una serie de sonidos comenzaron 
a surgir desde lo más profundo de la garganta 
haciendo vibrar todo 
provocando que varios seres ¿humanos? salieran de los otros dientes 
aunque ellos no estaban atrapados 
aparentemente los usaban como cuevas 
incluso llegué a ver algunos dibujos tallados sobre una de las muelas
creo que representaban escenas de fiestas 
siempre con un DJ musculoso y bronceado llevando adelante el rito 
y me pareció que unos jeroglíficos sobre su figura 
indicaban su condición de divinidad. 
Estos seres no parecieron sorprendidos ante mi presencia
incluso me ayudaron a salir de mi posición sumamente incómoda 
y enseguida volvieron a  lo suyo
es decir 
a bailar al ritmo de la música que ya cubría 
absolutamente todos los espacios de la boca.
Bailaban y transpiraban 
a su vez el sudor alimentaba la boca que se deshidrataba de tanto movimiento
y durante algunos años fue así
no me costó aceptar el ciclo
hasta me llegó a parecer algo hermoso 
tanta gente feliz junta 
no sólo gente feliz por distintos motivos reunida en un mismo lugar
gente feliz compartiendo una única felicidad
realmente hermoso. 
Cada un par de siglos había una pequeña pausa
en la que todos debíamos guarecernos en nuestra cueva 
y esperar.
Nunca era demasiado tiempo 
y se iba rápido porque lo pasábamos tallando nuevas imágenes 
representando nuestro modo de vida 
para que en la posteridad alguien pudiera estudiarnos.
Pasado este tiempo la boca se abría y aparecía
a veces masculino, a veces femenino
un nuevo ser 
siempre incapaz de contener la sorpresa 
al que debíamos integrar
a nuestro culto feliz.  

Bailábamos 
de a dos 
de a mil
jamás
había 
nada
excepto
bailar. 

Pero cuando la marea baja 
los sedimentos se vuelven cráneos 
y en sus bocas no hay 
humedad posible.







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