Atravesé esta tarde de agosto
lluviosa y gris, ya pronta a morir
sin miedo a caer en lugares comunes.
Estuve horas escuchando a Piazzolla
y hace un rato terminé de leer Sobe héroes y tumbas.
Todo indica que estoy en Buenos Aires
y que saldré a caminar por sus calles
sintiéndome irremediablemente melancólico;
pero no es así, estoy en otro lado
que no vale la pena mencionar
impostando un poco la nostalgia
redireccionándola.
Nunca estuve en Buenos Aires
no de esa manera.
El espejo me muestra un océano virgen
cuando me miro
las facciones signadas por el dolor de no estar
en todos los lugares que quisiera
y haber perdido tiempo sin generar nuevos recuerdos
me limita la voz, el tacto
porque hasta las ciudades que me voy creando
tienen fecha de vencimiento
No hay comentarios:
Publicar un comentario