viernes, 7 de julio de 2017
Regtest
Es varios años atrás, como diez o doce. Yo soy chico y estoy en un cuarto lleno de humo sonoro y familiaridad. Un bajo denso bien de reggae sale de los parlantes y lo envuelve todo. Hay olor a championes transpirados y ropa amontonada. Hay camisetas de fútbol de algunos equipos. Me siento bien aunque la música no me deje dormir. Voy a otro cuarto de la casa, pero ahí pasa todo lo mejor. Ahí en la oscuridad casi completa escucho una voz rara que canta en inglés "waiting for 1989/we don´t want no more war", y aunque no entiendo qué significa, me gusta. Me hace bien el misterio que para mis ojos rodea a la figura adolescente; lo veo lejano, divertido, perspicaz. Salgo a la vereda y me siento en el escalón de la puerta. Los veo en la esquina, se ríen y gritan. El cuarto en el que duermo y escucho música es también ese barrio, es también las calles cercanas, el almacén de los chinos, el ciber y los chistes sobre drogas y sexo que no entiendo. Que sea oscuro ayuda a mantener la intimidad en mí, la cercanía. De día se tarda en abrir las persianas y tengo que salir un poco, además de día no sale la música. Hay otra voz que canta en inglés, también es reggae y también se opone a la guerra. El concepto es amplio, a los nueve o diez años yo no entiendo bien qué pasa en la guerra y por qué pasa. Pero a mi manera entiendo el sentimiento. Además hay una bandera colgada de una de las paredes, es grande y tiene tres colores que ayudan con el clima general. Por arriba de la puerta se filtran luces y sonidos del comedor. Es otro mundo, también familiar. Ahí voy a cenar y miro en la televisión partidos de fútbol. Las otras figuras no son tan misteriosas ni tan sucias, pero siguen siendo cálidas. Tengo una hoja y una lapicera con la que hago dibujos precarios y escribo historias, aunque las mejores historias las narro oralmente cuando caminamos a la salida de la escuela y nos vamos acercando al barrio. Hago aparecer súper héroes clásicos y les agrego características locales, problemas del tercer mundo para que ella se ría o se sorprenda. Después vuelvo y de noche miramos fútbol mientras él me cuenta anécdotas de otros tiempos ya lejanos, de jugadores, de campeonatos. Le miro las venas gruesas de las manos cuando le pone limón a la ensalada. Lo miro por varios minutos y me río cuando se queda dormido en el comedor oscuro mientras en la tele siguen dando una película de cowboys. Todo se me hace más cercano con la noche. Soy chico y todavía me levanto temprano, pero de mañana los tres duermen. Miro Cartoon Network a bajo volumen, sentado en un banco marrón al lado de la tele. Como bizcochos y yogures que ella me dejó arriba de la mesa cuando vino de madrugada. Esa es mi previa para ir a la escuela. Entro a la una de la tarde y salgo a las cinco. Ojalá que después pueda volver.
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