domingo, 22 de abril de 2018

La bruja y su espiral

Cuando oscurece
-y en invierno ésto sucede pronto-,
una figura débil emerge de su madriguera.
Camina despacio, contorsionándose,
temblando.
Por lo general, en el momento en que termina
de atravesar el bosque, las calles de tierra
ya están vacías, y apenas se oye algún ladrido lejano.
Aunque de cruzarse con alguien,
la figura podría mimetizarse con las sombras
y el caminante perdido sentiría al pasar
por un punto vacío de la calle
un inexplicable terror.


una bruja contempla
una plaza desierta
un balneario sombrío 
un invierno largo


unos niños perdidos
tres hamacas raídas
unos yuyos crecidos 
un invierno largo 


Para volver al aquelarre 
la bruja debe huir de su espiral 
cazando, cada cien años, 
a una criatura virgen 
cuya sangre hervirán en un caldero
las otras brujas y la bestia cornuda.

La bruja no puede fallar
su entrega debe ser exacta;
pero no es problema para ella 
encontrar víctimas: las hay disponibles
en todas las épocas; el problema consiste
en camuflarse entre los humanos
durante un siglo
mantener silencio
durante un siglo
esconder las arrugas 
y dejar apagado el brillo rojizo de los ojos
la mueca de asco y odio.


una bruja con hambre
una escuela orfanato 
una ley que se impone
una bruja que huye 


La bruja es débil 
y a cada tentación le sigue
una nueva vuelta en su espiral.
El espiral funciona como pared
y como castigo:
aunque la bruja se dirija al lugar del bosque
donde sabe se realizan las ceremonias,
nunca encontrará más que pasto y árboles.

una bruja vedada 
por su magia incompleta
otro niño que muere
una bruja que llora
otro siglo que pasa 
una bruja que espera. 


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