faltan dos horas para el amanecer
entre los dedos tenés un cigarro prendido
das pitadas nerviosas
sentís la ventana en la nuca
el viento que afuera mueve las hojas de los árboles
susurra palabras en idiomas antiguos
vos leíste en algún lado que el diablo susurra
faltan dos horas para el amanecer y tenés miedo
tenés frío también pero descartás la posibilidad de ir
a tu cuarto para buscar una campera
la luz de tu cuarto está apagada
para prenderla tenés que atravesar algunos metros de oscuridad
descartás la idea
vas confirmando algo que escuchaste
te convencés de que escuchaste ruidos dentro del ropero
del ropero sólo ves uno de sus costados
la puerta de tu cuarto apenas está abierta y te deja ver eso
un costado en penumbras
pero el sonido viene de adentro
suena como a dientes rasgando tus prendas
pensás en la campera nueva
pensás enseguida en lo superficial que se vuelve todo
cuando faltan dos horas para que amanezca
y tu casa parece sitiada por cosas oscuras
que no podés nombrar aunque te parece que conocés sus nombres
entonces te parás y antes de abrir la heladera pensás en su luz
la imaginás antes de verla y sentís deseos de quedarte ahí
la abrís y un olor podrido hace retroceder tu hambre
la cerrás pero ya es demasiado tarde
la cocina está cubierta por una nube verde
y tenés que pasar corriendo hacia el comedor
pero al llegar al lugar ya no es el lugar
que correspondía al comedor
y te sentís perdida
y en el espejo estás vos misma arrancándote la piel
y tu hambre crece
y sentís las tripas abrirse camino en tu abdomen
y el olor tibio de la sangre te devuelve por completo el apetito
y la cocina de tu casa es un castillo hermético
y tu cabeza corona la mesa del banquete que presidís.
pero al llegar al lugar ya no es el lugar
que correspondía al comedor
y te sentís perdida
y en el espejo estás vos misma arrancándote la piel
y tu hambre crece
y sentís las tripas abrirse camino en tu abdomen
y el olor tibio de la sangre te devuelve por completo el apetito
y la cocina de tu casa es un castillo hermético
y tu cabeza corona la mesa del banquete que presidís.
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