Lloro.
Las gotas caen de mi cara
quedan suspendidas en el aire.
Entiendo qué se detuvo ahora, el tiempo.
Si sacudo la cabeza,
seco la humedad y miro,
reconozco a todos los segundos
girando en varias direcciones.
No necesito moverme
desde mi posición soy capaz
de apreciar los hilos de mi vida
cruzándose, diciendo esto sí, esto no
y la gente sigue existiendo
y las situaciones se siguen apoderando
de su voluntad de vivir.
Entiendo qué continúa, el tiempo.
Creo percibir una lágrima colgada
en cada palabra que digo durante
más de sesenta años
y aun hoy siento la mejilla húmeda
y dolor en la cabeza
cuando despierto
y pienso en las cosas que quiero hacer.
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